Enseñar a los chicos sobre dinero no tiene que ver con cifras ni cuentas, sino con algo mucho más profundo: formar una relación consciente con los recursos, las decisiones y el esfuerzo.
Desde el enfoque Montessori, el aprendizaje ocurre cuando los niños participan activamente, observan, experimentan y comprenden el porqué de las cosas. En las finanzas familiares pasa lo mismo: cuando los invitamos a participar, a elegir y a reflexionar, estamos sembrando las bases de una vida económica saludable.
Hoy te comparto tres hábitos sencillos que pueden empezar a practicar antes de los 10 años.
Hábito 1: Distinguir entre necesidades y deseos
La primera conversación importante no es sobre cuánto ahorrar, sino sobre qué cosas realmente necesitamos y cuáles solo queremos.
Podés hacerlo en momentos cotidianos: al mirar una vidriera, preparar una lista de compras o planificar un cumpleaños.
Preguntar “¿Esto lo necesitamos o lo queremos?” abre la puerta a una reflexión valiosa: no todo lo que deseamos tiene que ser inmediato.
Hábito 2: Participar en las decisiones de compra
Involucrar a los chicos en la planificación y el presupuesto de las compras los ayuda a entender límites y priorizar.
Antes de ir al supermercado, pueden preparar juntos una lista con un monto definido.
Dejá que sean ellos quienes tachen lo que no es esencial o comparen precios.
Así, descubren que el dinero no alcanza para todo, y que elegir también es decidir.

Hábito 3: Comprender que el dinero también es colectivo
Un paso importante en la educación financiera es entender que el dinero no solo sirve para lo personal, sino también para lo social.
Podés explicarlo con ejemplos simples:
“Cuando compramos un helado, una parte de ese dinero ayuda a que las luces de la calle sigan encendidas.”
Así incorporan la idea de comunidad, cooperación y responsabilidad.
Un aprendizaje que crece con ellos
Cada pequeño gesto cuenta: hablar, planificar, decidir, esperar.
Lo importante no es cuánto ahorran, sino cómo piensan, eligen y comprenden el valor de lo que tienen.
La educación financiera no se enseña con lecciones, sino con experiencias compartidas.
Y cuanto antes empiece ese camino, más natural será su relación con el dinero.