En casa, en la escuela, en la calle o frente a una pantalla, los chicos están rodeados de estímulos que invitan a querer cosas nuevas todo el tiempo.
Un juguete, una golosina, un videojuego… todo parece necesario. Pero no siempre lo es.
Aprender a distinguir entre deseo y necesidad es un paso fundamental para desarrollar hábitos financieros saludables y, sobre todo, una relación equilibrada con el consumo.
Lo que necesitamos para vivir
Las necesidades son aquellas cosas básicas que garantizan nuestro bienestar y el de nuestra familia: la comida, el abrigo, una vivienda, la salud, la educación, el afecto.
Cubrirlas nos permite vivir con tranquilidad y seguridad. Son el punto de partida para cualquier planificación familiar.
En cambio, los deseos son todas aquellas cosas que nos dan placer, alegría o comodidad, pero que no son esenciales para vivir: una salida al cine, un juguete nuevo, un viaje o un postre.
Ambos son importantes, pero en distinto orden.
Y ese orden (ese “darse cuenta” de qué va primero ) es una lección valiosa que podemos enseñar desde la infancia.
Cómo acompañar desde casa
Educar sobre deseos y necesidades no es limitar, sino enseñar a pensar antes de decidir.
Algunas ideas simples para ponerlo en práctica:
- Clasifiquen juntos algunos objetos del hogar o del supermercado: ¿cuáles son necesidades y cuáles deseos?
- Usen ejemplos cotidianos: “Si compramos este juguete hoy, ¿podremos pagar la comida del viernes?”
- Dibujen una pirámide de prioridades, con lo más importante en la base y lo accesorio en la punta.
- Conversen sobre la publicidad: ¿por qué todo parece urgente o necesario?
- Usen la pregunta útil: ¿Lo quiero o lo necesito?
Cuando los deseos también enseñan
No se trata de eliminar los deseos. Ellos nos motivan, nos inspiran y muchas veces nos invitan a soñar y planificar.
Lo importante es enseñar que los sueños se alcanzan paso a paso, y que primero hay que cuidar lo esencial.
Así, los niños aprenden a valorar lo que tienen y a disfrutar más lo que logran con esfuerzo.
En resumen
Reconocer la diferencia entre deseos y necesidades ayuda a los chicos a tomar decisiones más conscientes, a ser pacientes y a desarrollar una mirada equilibrada sobre el consumo.
Cuando comprendemos que no todo lo que queremos es necesario (pero que algunos deseos pueden transformarse en metas si los planificamos), estamos enseñando mucho más que finanzas: estamos enseñando a vivir con propósito.